Mundo sin abejas, La Noche Temática

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Proteger a las abejas, preservar nuestro futuro

En todas las regiones del mundo, la apicultura forma parte integral de la agricultura, ya sea como actividad principal o complementaria. A menudo, se practica a pequeña escala y constituye un modo de producción tradicional en numerosos países

El tamaño de las empresas apícolas depende del contexto socioeconómico: en ciertos países, bastan veinte colonias de abejas para la subsistencia de una familia completa, mientras que, en otros, una sola empresa puede contar hasta con 2.000 colmenas.

La miel y la jalea real son un ejemplo de alimentos de gran valor, fruto de las actividades melíferas. Además, las abejas tienen una función preponderante en el equilibrio de los ecosistemas, puesto que son las principales polinizadoras de las plantas, tanto silvestres como cultivadas, y facilitan así su perennidad y la biodiversidad. Gracias a las abejas, el hombre obtiene cosechas abundantes de frutas y verduras, lo que contribuye a la seguridad alimentaria mundial.

La desaparición de estos polinizadores clave, ya sean de cría o salvajes, representaría un desastre en términos biológicos, agronómicos, medioambientales y económicos. Preservar la buena salud de estas poblaciones de insectos polinizadores, que agrupa más de 17.000 especies referenciadas, constituye un desafío sanitario crucial que merece toda la atención de la comunidad mundial.

Es muy difícil diagnosticar y controlar las enfermedades de las abejas melíferas que viven únicamente como colonias altamente socializadas. Las observaciones clínicas y de diagnóstico son aún más determinantes en este campo que para otras especies del reino animal.

A pesar de enfrentarse a grandes dificultades, se observa que, pese a la función esencial de las abejas, se presta menos atención a la apicultura que a otros sectores de la producción animal.

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Ayuda a salvar las abejas desde tu casa

La epidemia que afecta a las abejas lleva mucho tiempo preocupando a científicos e investigadores. Sin causa aparente ni consenso sobre el fenómeno, se baraja que podría deberse al cambio climático, a la pérdida de su hábitat o al uso excesivo de pesticidas. Sea cual sea el origen, su descenso es alarmante: en algunos países ha caído hasta el 53%, según Greenpeace.

Según la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) está constatado que de las 100 especies de vegetales que suministran el 90% de la alimentación de 146 países, 71 de ellas son polinizadas por estos insectos.

Las abejas y otros insectos polinizadores juegan un papel esencial en los ecosistemas. Un tercio de todos nuestros alimentos depende de su polinización: hortalizas como calabacín, frutas como el albaricoque, los frutos secos como las almendras, especias como el cilantro, los aceites comestibles como el aceite de canola, y muchos más. Un mundo sin polinizadores sería devastador para la producción de alimentos.

Un jardín polinizador

Según Tom Kucharz, responsable de agricultura ecológica en Ecologistas en Acción Madrid, es posible construir un jardín polinizador y ayudar con ello a recuperar el equilibrio de los ecosistemas.

Por ejemplo, según los expertos, las abejas se sienten atraídas especialmente por los colores blanco brillante, amarillo y azul. “La situación que viven las abejas es extrapolable a muchos otros insectos, que también son necesarios y que muchos, al considerarlos molestos, los están aniquilando. Crear un jardín, efectivamente, puede ayudar a que vuelvan”, explica el ecólogo.

¿Qué necesita para crear su propio jardín?

Acomodar un macetero con buena tierra

Así de sencillo. “Es importante que cuando alguien se decida a montar un huerto ecológico tenga en cuenta la calidad del mantillo”, comienza Kucharz. ¿Lo mejor? Un ‘compost’ ecológico, libre de químicos en su composición.

Plantar hierbas que ahuyenten a las plagas

“Es interesante incluir en nuestro pequeño huerto plantas medicinales que ahuyenten las plagas, como la hierbabuena (plantada durante las primeras semanas de primavera) o la hierbaluisa (de junio a septiembre)”, explica el experto.Los tonos intensos como el morado de la lavanda o el amarillo de los girasoles, atraen a los polinizadores. Además de decorativas, estas flores son irresistibles para las abejas. “De esta forma no necesitaremos de ningún componente químico extra”, dice Kucharz.

Elegir especies de colores brillantes

las abejas se sienten atraídas especialmente por los colores blanco brillante, amarillo y azul.

Regar con moderación: por necesidad y ahorro

“Para finalizar, lo mejor es contar con un sistema de riego automático si se puede, ya que se ayuda al planeta ahorrando agua y las flores y plantas reciben las cantidades adecuadas”, concluye Kucharz. Tras estos pasos, solo nos queda comenzar a planta y esperar…

Fuente: El País


Hacia un mundo sin abejas

Han pasado 20 años desde que un grupo de agricultores franceses llamó la atención por primera vez sobre un fenómeno insólito: el despoblamiento de las colmenas a causa de la desaparición de las abejas, de cuya polinización depende gran parte de la producción mundial de alimentos. Pronto se comprobó que el fenómeno era global, al menos en los países con una agricultura muy desarrollada, y un aluvión de investigaciones ha intentado desde entonces determinar las causas, con resultados a menudo dispares o contradictorios. ¿Se debe la muerte de las abejas a los monocultivos o al calentamiento global? ¿Virus, bacterias, hongos, parásitos como el Nosema ceranae? ¿Pesticidas como los neocotinoides, que empezaron a usarse justo hace dos décadas? Aunque parece haber tantas opiniones como expertos en el campo, es posible que todos tengan parte de razón

Entretanto, el fenómeno no ha hecho más que agravarse —los apicultores denuncian pérdidas más graves un año tras otro—, y la única buena noticia en este terreno se ha producido solo en tiempos muy recientes. Con característica lentitud pero loable preocupación, las Administraciones, incluidas las de Bruselas —que el pasado año prohibió varios pesticidas— y Washington —que ha aprobado un presupuesto extraordinario para investigar el fenómeno—, han tomado conciencia del problema y se han puesto manos a la obra.

La gravedad de la situación y la dilación e ineficacia de las medidas paliativas plantean una pregunta que ya no puede considerarse descabellada: ¿cómo sería un mundo sin abejas? “Si tuviéramos que depender de una agricultura sin polinizadores, estaríamos listos”, expone el subdirector general de Sanidad e Higiene Animal del Ministerio de Agricultura, Lucio Carbajo. No todos los cultivos desaparecerían, porque los hay que se pueden gestionar de otras formas (autopolinización y polinización por pájaros, entre ellas), pero todas las fuentes coinciden en que la pérdida de diversidad y de calidad alimentaria sería tremenda.

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Cuando las abejas mueren y los cultivos peligran

En todo el mundo las colonias de abejas sufren los efectos entre otros de los pesticidas neurotóxicos, que atrofian sus capacidades de orientación y acortan su esperanza de vida. La intoxicación de las abejas es un serio problema medioambiental y agrícola porque los agricultores se ven obligados a alquilar colmenas para que polinicen sus cultivos, pero estos enjambres domésticos también sucumben a los efectos de los pesticidas llamados neonicotinoides. Científicos del Instituto Nacional de Investigación Agrónoma (INRA) en Avignon, Francia, están investigando el proceso de intoxicación. Con entrevistas de Agnès Rougier a Claude Collet, eco-toxicólogo del Instituto Nacional de Investigación Agrónoma (INRA), Jean Luc Brunet, investigador del INRA, y Sylvie Tchamitchian, técnico de laboratorio.

Fuente
CIENCIA ABEJAS AMENAZADAS
(04:07)